La localidad se prepara, en San Isidro, para una de sus fiestas más tradicionales
Reparto de espigas como simbolo de amor y amistad. Foto: Ayto.
El imparable crecimiento de Azuqueca al hilo del desarrollo industrial tuvo, en las décadas finales del siglo XX, un efecto “colateral” en el desarraigo de una población venida de todos los lugares de España.
Tal vez por eso las instituciones y cierta parte de la sociedad se esforzaron en crear y recuperar tradiciones que sirvieran de nexo de unión para todos aquellos que venían a vivir junto al Henares.
El desfile de Carrozas o la recuperación de la fiesta de los Mayos entran dentro de esa lista de fiestas “pegamento” que han servido para coser a la sociedad azudense. Sin embargo, dentro de estos eventos el que quizá haya hecho más por ser punto de unión entre el pasado y el presente de Azuqueca sea la Fiesta de la Espiga.
Las espigas se llevan a lomos de una mula. Foto: GUdiario.
Pero, ¿de dónde viene esta fiesta?, ¿dónde nace esta tradición de intercambiarse espigas como símbolo de amor, amistad o afecto?
Esta celebración, en España, tiene un doble origen, uno civil y popular, ligado a la fertilidad de los campos y al cortejo y, por otro lado, uno relacionado con el aspecto religioso. Este último, denominado “Fiesta o Vigilia de las Espigas”, era una celebración dedicada a la Adoración de Dios para dar gracias por las mieses tempranas de la siega.
El que aquí nos interesa es el civil y popular. “Azuqueca tradicionalmente vivía del campo” señala la historiadora azudense Laura Lara “y el hecho de que en la tarde de San Isidro un hombre entregara a una mujer una espiga era un paso muy importante, porque suponía que podían bailar juntos. Después ya tendrían que hablar con los padres, pero esto era ya una visibilización social. Hay que tener en cuenta que antes había mucho protocolo cuando se iniciaban las relaciones sentimentales”
El reparto se realiza, normalmente, junto a la Ermita. Foto: GUdiario.
La historiadora recuerda que ya la escritora Carmen Martín Gaite, en sus obras “Usos amorosos del siglo XVIII” y “Usos amorosos de la posguerra” habló de las pautas para hacer visible, desde el punto de vista más inocente una relación sentimental. Había paseos, bailes, que el muchacho pudiera pasar al salón o cocina de la casa de la novia, etc.
Evolución
Espigas para todas y todos. Foto: GUdiario.
Lo decía el año pasado el alcalde de Azuqueca, Miguel Óscar Aparicio “la Fiesta de la Espiga nos muestra de dónde venimos y hacia dónde queremos ir”. Y precisamente es en esa evolución, en esa resignificación, donde tal vez resida actualmente la fuerza de esta celebración.
“Sociológicamente la Espiga sigue teniendo ese significado de amor, de los buenos sentimientos, pero también representa la amistad entre personas de todo género en esta sociedad intercultural” señala la también historiadora María Lara.
De hecho, las dos hermanas han recogido en su obra “Breviario de la Historia de España” (que ya va por la novena edición) como han cambiado las formas de amistad desde la sociedad preindustrial hasta la actual era de la globalización.
La antropología rural española ha documentado durante décadas la relación entre las fiestas de San Isidro y antiguos rituales agrarios vinculados a la fertilidad, la protección de las cosechas y el simbolismo del mundo agrario.
El investigador del CSIC José Luis Mingote Calderón analizó, por ejemplo, los ritos de protección del grano asociados al santo labrador en tradiciones populares. En ese contexto rural, las romerías y las celebraciones campesinas incorporaban, muy frecuentemente, ofrendas e intercambios de elementos del campo —tales como flores, espigas o ramas— como gestos de cortesía, afecto comunitario y celebración colectiva.
Actualmente parece que es Azuqueca de las pocas poblaciones (por no decir la única) que sigue llevando por bandera repartir amor a base de espigas. ¿Quieres una?