40 años de libertad ¿sin ira?

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                El 6 de diciembre de 2018 se cumplen 40 años de la aprobación en referéndum por el pueblo español, de forma abrumadoramente mayoritaria, de la vigente Constitución, conocida como “del 78” por ser ese el año de su refrendo. España, por tanto, lleva rigiéndose por la actual “ley de leyes” diez meses más de los que la gobernó Franco ya que su dictadura se prolongó durante 39 años y dos meses, los que van desde el 28 de septiembre de 1936 en que la junta de generales alzados contra el gobierno republicano, reunida en Burgos, le proclamó “Jefe del Gobierno del Estado”, y el 20 de noviembre de 1975 en que moría en la entonces “Residencia Sanitaria La Paz”.constitucion-anuncio2bis

                La actual Carta Magna española es, tras la de 1876, que tuvo una vigencia de 47 años (1876-1923), la segunda en perdurabilidad de la historia del constitucionalismo español que, como es sabido, arrancó en 1812 con la Constitución aprobada en Cádiz en ese año, exactamente el 19 de marzo, festividad de San José, por lo que popularmente fue y es conocida como “La Pepa”. Popular y sé que no arriesgo al decir que también sarcásticamente así tenida pues la expresión “¡Viva la Pepa!”, aunque inicialmente fue un grito subversivo de sus defensores, liberales que querían acabar con el antiguo régimen fundamentalmente, la evolución de su significación ha derivado hacia una crítica al desenfado y el jolgorio, aplicándose a quienes tienen un carácter despreocupado y son poco cumplidores de las convenciones sociales. O sea, que esa expresión que comenzó siendo un grito a favor de la libertad ha terminado siendo una censura al libertinaje, aunque para muchos ultramontanos -según la quinta acepción de esta voz en el diccionario de la RAE- una y otra cosa son lo mismo.

                Yo no pude votar cuando se realizó el referéndum de aprobación de la Constitución del 78 porque, entonces, solo tenía 17 años, además recién cumplidos, y no alcanzaba la mayoría de edad, fijada en los 18, pero solo unos días antes -gracias al RDL 33/78, de 16 de noviembre- ya que hasta entonces estaba situada en los 21. Dos meses antes, en octubre del 78, había comenzado a colaborar con mi muy añorado y querido periódico “Flores y Abejas”, mi auténtica escuela de periodismo, y gracias al magisterio a pie de linotipia de Salva Toquero y Santi Barra comencé a formarme como “plumilla”, a madurar como persona y, lo que es más importante, a concienciarme como ciudadano libre y hombre político, el “zoon politikon” de Aristóteles; es decir, el hombre preocupado por las cosas de su ciudad, de su país y del mundo.

"La llegada de la Constitución del 78, como muy bien reflejó el escultor que diseñó su monumento en Guadalajara, inaugurado en 1983, fue como abrir una puerta a muchos principios y valores democráticos -libertad, justicia e igualdad, fundamentalmente-, y a derechos y libertades que ahora parecen largamente asentados pero que comenzaron a disfrutarse con reconocimiento legal expreso y con garantías a partir de ella".

                La llegada de la Constitución del 78, como muy bien reflejó el escultor que diseñó su monumento en Guadalajara, inaugurado en 1983, fue como abrir una puerta a muchos principios y valores democráticos -libertad, justicia e igualdad, fundamentalmente-, y a derechos y libertades que ahora parecen largamente asentados pero que comenzaron a disfrutarse con reconocimiento legal expreso y con garantías a partir de ella, como por ejemplo: derecho a la tutela judicial efectiva, a la educación y a la libertad de enseñanza, derecho de reunión y manifestación, de asociación, de libertad de expresión e información, de petición, de participación en los cargos públicos, derecho de sufragio activo y pasivo, derecho a la libertad sindical, a la huelga de los trabajadores, a la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado, a la negociación colectiva laboral, derecho de consumidores y usuarios a la protección de la salud, seguridad y legítimos intereses, derecho a la libertad ideológica y religiosa, a la libertad y a la seguridad, a la inviolabilidad del domicilio, a la objeción de conciencia o derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica, entre otros.

"Cierto es que aún queda un largo camino para que los españoles gocemos plenamente de todos los derechos que nos reconoce la Constitución. En todo caso, jamás hemos gozado de tantos derechos y hemos tenido menos deberes, algo que debemos a la Constitución del 78 que, algunos, quieren ya modificar sustantivamente de forma temeraria e, incluso derogar, cuando aún le debería quedar un largo recorrido".

                Evidentemente, la aprobación de la Constitución del 78 también conllevó una serie de deberes para los españoles, entre los que quiero destacar los siguientes: deber de conocer el castellano, de adquirir la enseñanza básica, de defender a España, de cumplir con las obligaciones tributarias, a asumir las responsabilidades conyugales y con los hijos, deber de trabajar que a la vez es un derecho, deberes respecto a la salud pública, a la conservación del medio ambiente y al cumplimiento de las sentencias judiciales.

                Cierto es que aún queda un largo camino para que los españoles gocemos plenamente de todos los derechos que nos reconoce la Constitución -especialmente, el de tener un trabajo y una vivienda dignos-, como también es una verdad como un puño que no cumplimos nuestros deberes con el mismo nivel de intensidad que exigimos nuestros derechos. En todo caso, jamás hemos gozado de tantos derechos y hemos tenido menos deberes, algo que debemos a la Constitución del 78 que, algunos, quieren ya modificar sustantivamente de forma temeraria e, incluso derogar, cuando aún le debería quedar un largo recorrido. Ha sido decisiva para que España se transforme en un gran estado social y democrático de derecho que, en todo caso, pueden mejorar ciertas reformas, pero al que pueden hacer mucho, muchísimo, daño las “revoluciones” de algunos falsos profetas travestidos de políticos.

"Ha sido decisiva para que España se transforme en un gran estado social y democrático de derecho que, en todo caso, pueden mejorar ciertas reformas, pero al que pueden hacer mucho, muchísimo, daño las “revoluciones” de algunos falsos profetas travestidos de políticos".

                Termino ya diciendo que el título VIII de la Constitución, el que hace referencia a la organización territorial de España, sí me parece necesario modificarlo porque, evidentemente, hay tensiones territoriales que no se pueden obviar; ahora bien, esa modificación debe gozar de un amplio consenso, como el que tuvo en su día la Carta Magna, y tener dos límites infranqueables que son la unidad de España y la igualdad de derechos y de deberes de todos los españoles. Y los consensos no se logran ni con incumplimiento de las leyes, ni con desprecios o menosprecios entre territorios, ni con manipulación de personas y malversación de recursos y medios públicos. Ni, por supuesto, con ira, como la libertad que nos traía la democracia según la canción de “Jarcha” que se convirtió en un himno de la Transición política española, la ejemplar Transición que debe seguir siendo un referente para el futuro y no un obstáculo en el presente, como discursan algunos adanes. Y rufianes.  

JESÚS OREA SÁNCHEZ

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Foto Jesús Orea Septiembre 2018Jesús Orea (Guadalajara, 1961) en la actualidad es Jefe de la Sección de Educación de la Diputación de Guadalajara. Colaborador de prensa en Guadalajara en todos los medios (escrita, radio y tv), sus primeras apariciones fueron en el semanario “Flores y Abejas” (1978) que continuaron en la cabecera sucesora (“El Decano de Guadalajara”) hasta su desaparición en 2011. Ahora mantiene un blog en Guadalajara Diario titulado "Misión al Pueblo Desierto".

Entre otras publicaciones destacan sus libros "125 Luces de Bohemia" (2011); "Guadalajara para niños" (2014), "Viaje a la Alcarria en familia" (2016) y "Buero Vallejo y Guadalajara" (2016). Coordinó la edición aparecida en 2014 del libro "Papeles de Javier Borobia (Notas de andar, sentir y soñar)". Orea participa intensamente en la vida social y cultural de nuestra capital y provincia, siendo de resaltar su etapa como concejal del Ayuntamiento de la capital durante 8 años (1999-2007).

 

 

 

 

 

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