Mirando atrás sin nostalgia

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Sin nostalgia, pero con fundada preocupación. Cuando vamos a celebrar el cuarenta aniversario de la Constitución española de 1978, parece obligado hacer balance de cómo nos ha ido y reflexionar sobre la vigencia de sus valores.

En estos días correrán ríos de tinta para glosar la grandeza de una Carta Magna que ha sido, hasta hoy, la más duradera. Se elogiará, y no sin razón, que mereció y merece el nombre de la “Constitución de la Concordia” por lo que significa en nuestra historia y haber encarnado la reconciliación entre españoles. También, y se constata un dato irrefutable, por haber terminado el relevo de Constituciones de vencedores contra los vencidos. Pareciera que habíamos aprendido la lección, después de tres años de guerra fratricida y un largo periodo de gobierno autoritario.

“Se elogiará, y no sin razón, que mereció y merece el nombre de la “Constitución de la Concordia” por lo que significa en nuestra historia y haber encarnado la reconciliación entre españoles”.

Grandes “Se elogiará, y no sin razón, que mereció y merece el nombre de la “Constitución de la Concordia” por lo que significa en nuestra historia y haber encarnado la reconciliación entre españoles”. Hasta ahora, aniversario tras aniversario, nuestra Constitución ha merecido elogios inequívocos, no exentos de reflexiones sobre la oportunidad, o no de la reforma.

La conclusión más mayoritaria siempre había sido la misma que no debiera reformarse sin contar, al menos, con mayorías políticas similares a las que sirvieron para su aprobación.

Pero los tiempos del consenso pasaron y la irrupción de nuevas fuerzas políticas en el pluralismo socio-político, están alterando esa conclusión.

Hay que constatar que nuevas fuerzas políticas, que no existían como tales en el periodo constituyente, reclaman participar y piden que “hay que dar cartas de nuevo”. Junto a este fenómeno, la radicalización de las en otra hora denominadas nacionalistas moderadas pasan de la reforma a la ruptura.

El gran riesgo del momento es que los populistas de izquierdas renieguen del gran papel que hizo el PCE en favor de la conciliación y pasen a posiciones rampantes de destrucción de lo que llaman “El Régimen del 78””.

En conclusión, provisional, unos y otros abogan por dinamitar la obra de todos.

La Constitución no es una Constitución pétrea que no permita su modificación y reforma. De hecho, ya ha tenido dos reformas puntuales en 1992 y 2011.

En la primera se adaptó el tratado de Maastricht, y en la segunda se reformó el artículo 135 para priorizar la estabilidad presupuestaria ante el gasto.

La oportunidad hubiera sido el que con un bloque constitucional potente y fiable se hubiera podido abordar reformas tan necesarias como la constatación de que formamos parte de la Unión Europea, la modificación de la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona y la consolidación del mapa autonómico superadas las transitoriedades.

“Junto a este fenómeno, y no menos grave, es el riesgo de que el bloque constitucional se resquebraje, por la necesidad del Gobierno de Sánchez de pactar con los sediciosos para mantenerse en el poder.

Por el contrario, el gran riesgo del momento es que los populistas de izquierdas renieguen del gran papel que hizo el PCE en favor de la conciliación y pasen a posiciones rampantes de destrucción de lo que llaman “El Régimen del 78”. Su aportación al consenso es sectaria, adanista, revisionista y cuyo principal objetivo es atacar a la Institución de la Corona.

UCD-generalesTras el referéndum se convocaron elecciones Generales y Luis de Grandes volvió a ser reelegido diputado.Junto a este fenómeno, y no menos grave, es el riesgo de que el bloque constitucional se resquebraje, por la necesidad del Gobierno de Sánchez de pactar con los sediciosos para mantenerse en el poder.

En este cuadro, que describo de urgencia, lo mejor es que las experiencias se hagan con gaseosa y no con nuestra Carta Magna. ¡Viva la Constitución!

LUIS DE GRANDES PASCUAL

Miembro de la Comisión Constitucional que elaboró la Constitución.

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Luis de Grandes es abogado, fue primer presidente de UCD en Guadalajara, diputado por la Provincia en siete legislaturas, en la Constituyente formó parte de la Comisión Constitucional que elaboró la Constitución, diputado Regional en dos legislaturas (fue portavoz del Grupo Popular de Las Cortes de Castilla-La Mancha), ponente del Estatuto de Castilla-La Mancha tanto en Las Cortes de CM como en el Congreso de Diputados, portavoz del Grupo Popularen el Congreso durante dos legislaturas, secretario general del Partido Demócrata Popular (PDP) y diputado Europeo por tres legislaturas (Portavoz Adjunto de la Delegación española).

 

 

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