40 años de la mejor y más útil Constitución española

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Guadalajara fue la quinta provincia española con mayor índice de votantes en el referéndum de la Constitución. Entre ese pueblo esperanzado que acudió masivamente a las urnas, un porcentaje muy alto, el 81,43 por ciento la votó favorablemente. La mayoría silenciosa de Guadalajara apostó porque España tuviera una Constitución, que mucha gente no sabía exactamente para qué les iba a servir. Habían oído invocar a los derechos constitucionales en alguna película, y poco más. Y es que la Constitución, como la democracia misma, era en aquellos tiempos casi cuestión de fe. Sus beneficios estaban por descubrir.

“ Guadalajara fue la séptima provincia de España con más “noes”, un dato nada desdeñable si tenemos en cuenta que entre las provincias que menos respaldaron a la Constitución estaban País Vasco y Navarra, aunque por razones bien diferentes”

Anuncio-constitucionNo hay que hacer interpretaciones sesudas sobre el alto porcentaje de votos negativos que se registraron en Guadalajara en el referéndum constitucional. Totalizaron 11.505 votos (con ese número de sufragios se podría conseguir 1 diputado en unas Generales en Guadalajara) y eso equivalía al 14,14 de los votos emitidos en el conjunto de la provincia. Guadalajara fue la séptima provincia de España con más “noes”, un dato nada desdeñable si tenemos en cuenta que entre las provincias que menos respaldaron a la Constitución estaban País Vasco y Navarra, aunque por razones bien diferentes. Allí, el entorno de ETA, que no cejó de poner palos en las ruedas al proceso democrático, pidió el “no” a la Constitución, como la extrema derecha en el resto de España; y el nacionalismo del PNV hizo de Pilatos, y se abstuvo.

¿Tantos fachas había en Guadalajara?, se peguntaron algunos. Como he sostenido en otras ocasiones, fachas, lo que se dice fachas dispuestos a ponerse los correajes y salir a la calle a descalabrar rojos, no creo yo que llegaran al centenar. Lo que sí había en Guadalajara era una importante componente de población conservadora, un tanto intranquila por los vertiginosos acontecimientos que se estaban viviendo, y que no sabían lo que les iba a deparar el futuro. Su añoranza del franquismo no era fruto de la convicción ideológica, sino una demanda en favor del orden y la seguridad, que aparentaba haber entrado en crisis. ETA mataba todo lo que podía y entonces podía mucho, con la complicidad intelectual de los que ahora quieren hacer un relato falsario de aquello. Para muchos paisanos de la España profunda era demasiado asimilar una Constitución que cambiaba el modelo de Estado y que reconocía eso tan sospechoso que se había dado en llamar “nacionalidades”, y les encendía encontrarse al mismo tiempo con un nacionalismo vasco desleal con la Constitución. No sucedió lo mismo con el nacionalismo catalán, que todavía no había abrazado el independentismo; y a Pujol el ABC de Anson le nombraba “Español del año”.

“ Guadalajara apostó porque España tuviera una Constitución, que mucha gente no sabía exactamente para qué les iba a servir. Habían oído invocar a los derechos constitucionales en alguna película, y poco más. Y es que la Constitución, como la democracia misma, era en aquellos tiempos casi cuestión de fe. Sus beneficios estaban por descubrir”.

referendum-guadalajaraAhora casi nadie discute la democracia como sistema de gobierno, aunque el populismo amenaza con degradarla a procesos más propios del Caribe que de la Europa social liberal e ilustrada, pero en 1978 estaba por demostrar sus beneficios. Después de que el Plan de Estabilización de los tecnócratas del franquismo permitiera a la sociedad española disfrutar de algunas comodidades y de un cierto nivel de desarrollo, que amplió la base social de la clase media española, la incertidumbre que trae todo cambio político (y en España se cambiaba el Régimen) dibujó un incómodo escenario para la economía. La inflación se disparó hasta superar el 20 por ciento anual, la falta de inversión y de confianza disparó la tasa de paro, se iniciaron dolorosas reconversiones empresariales en sectores industriales obsoletos, y la bolsa no hacía más que bajar. Los sectores más acomodados de la sociedad empezaron a relacionar el proceso de cambio democrático con pérdida de bienestar, y el apostolado en favor de un nuevo Régimen asentado en valores como la libertad, la justicia y el Estado de Derecho, no siempre era fácil de trasladar en provincias como la nuestra.

Constitucion-anuncio3Luego estaba el terrorismo. ETA hizo lo imposible para que la Constitución no se aprobase y para que el proceso democrático embarrancara. Su trabajo para provocar un golpe militar ha sido contumaz desde el mismo día en que murió Franco. En su estrategia de chiflados, ETA mató todo lo que pudo durante la campaña del referéndum y “celebró” la aprobación de la Constitución con el asesinato de tres personas. Que no lo olviden los que ahora han perdido los escrúpulos en pedir respaldo parlamentario entre los que alentaron tal barbarie. Aquel gobierno bienintencionado de Adolfo Suárez se desesperaba al comprobar cómo la llegada de la democracia a España no traía consigo la paz para el País Vasco. Y la gente no lo entendía: ¿Para esto queremos democracia?

Pero el tiempo dio la razón a aquellos padres de la Constitución, y nuestra carta magna no solo trajo libertad, derechos cívicos y garantías formales, sino que también nos ha dado la mayor prosperidad y progreso de la historia de España. Sí, con ella hemos pasado la crisis financiera más importantes desde el final de la II Guerra Mundkial: ¿pero si imaginan lo que nos había costado salir de ella con una España aislada y sin la coraza de crédito de la Unión Europea?

En Guadalajara, en especial, el desarrollo ha sido tan espectacular que hemos pasado de ser una provincia de emigrantes, con una de las rentas disponibles más bajas de España, a la provincia de Castilla-La Mancha que más inmigración ha recibido en proporción a su población. Con sus deficiencias, la Guadalajara de 1978 a la Guadalajara de 2018 se parece como un huevo a una castaña. Y todo esto ha sido posible en el marco de la Constitución de 1978, un texto que rompió con la Ley del Péndulo que vició ordenamientos anteriores y los hizo tan frágiles. En la compleja construcción de su articulado todos tuvieron que renunciar a algo, y por ello podemos hablar de una Constitución de todos, aquella que ha posibilitado la alternartiva democrática en el gobierno sin tener que recurrir a cambiar la Constitución y hasta el Régimen, como venía sucediendo en España desde principios del siglo XIX.

 “La añoranza del franquismo no era fruto de la convicción ideológica, sino una demanda en favor del orden y la seguridad, que aparentaba haber entrado en crisis. ETA mataba todo lo que podía y entonces podía mucho, con la complicidad intelectual de los que ahora quieren hacer un relato falsario de aquello”.

Ciertamente que la Constitución no debe ser sacralizada, y que como todas admite reformas con el paso del tiempo. Aunque como vengo esribiendo desde hace décadas no debemos engañarnos: cualquier avance en el Estado Autonómico, podrá ser aceptado por el nacionalismo, de manera coyuntural, aunque nunca será suficiente, ya que su fin último es la independencia. El problema es que para lograrla no aceptan la reforma que prevé la propia Constitución, que confiere la soberanía al conjunto del pueblo español, y por ello han iniciado un camino en Cataluña que transcurre al margen de  ella. Lo novedoso es que en contra de lo que venía sucediendo en los últimos 35 años al parlamento han llegado fuerzas políticas populistas  de izquierdas (y otras del otro polo que están a las puertas) que quieren cambiar el artículo 1 de la Constitución y establecer un estado plurinacional, como única manera de dotar de soberanía a algunas comunidades autónomas frente al Estado. Es decir, quieren socavar los mismos cimientos de la Constitución aun sabiendo que cambios de este tenor no tienen posibilidad de prosperar al carecer de una mayoría suficiente, como la que se logró en 1978. Sería una vuelta a la citada Ley del Péndulo y a la inestabilidad que presidió todo el siglo XIX español y dos tercios del XX, con los trágicos resultados conocidos.

“Con sus deficiencias, la Guadalajara de 1978 a la Guadalajara de 2018 se parece como un huevo a una castaña. Y todo esto ha sido posible en el marco de la Constitución de 1978, un texto que rompió con la Ley del Péndulo que vició ordenamientos anteriores y los hizo tan frágiles”.

Barra-SantiagoAhora que por fin convencimos a los paisanos de que esto de la democracia no es malo  para el orden, ni para el bolsillo, hay algunos que se empeñan en volver a sembrar odio y resucitar los fantasmas del pasado, queriendo ganar guerras que perdieron los abuelos, cuando hace exactamente cuarenta años, lo primero que zanjó la Consitución es que nunca, jamás, en España volvería a haber vencedores y vencidos.  

Así que en este cuarenta aniversario hay motivos para volver a gritar : ¡Viva la Constitución!”     

SANTIAGO BARRA

 

Santiago Barra Toquero (Guadalajara, 1955) es periodista y director de Guadalajara Diario. Miembro fundador de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, fue redactor jefe de Flores y Abejas, director de El Decano de Guadalajara y Canal 19 TV, y corresponsal de Televisión Española, El País y Europa Press.      

“Lo novedoso es que en contra de lo que venía sucediendo en los últimos 35 años al parlamento han llegado fuerzas políticas populistas que quieren cambiar el artículo 1 de la Constitución y establecer un estado plurinacional, como única manera de dotar de soberanía a algunas comunidades autónomas frente al Estado. Es decir, quieren socavar los mismos cimientos de la Constitución aun sabiendo que cambios de este tenor no tienen posibilidad de prosperar al carecer de una mayoría suficiente, como la que se logró en 1978”.

 

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