Esquiar en Guadalajara: la cara sur del pico del Lobo

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 Cuando en los años sesenta, un visionario del esquí, llamado  Pirinolli, concibió crear una estación en el entorno del Pico del Lobo, pensó en dos provincias castellanas y en dos vertientes. Guadalajara y Segovia.

En la cara norte, la estación daría a la provincia de Segovia, en término municipal de Cerezo de Arriba,  por las pronunciadas y despejadas vertientes que salen desde la cuerda en la que se erigen los picos del Lobo, Cervunal, Portillón o el Alto de las Mesas. Es lo que finalmente se convirtió en lo que hoy es la estación de La Pinilla, la mayor superficie esquiable del sistema central, con 22 kilómetros esquiables y 24 pistas (muy similar a Valdesquí), y a la que se accede desde la A-1 Madrid-Burgos.

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Pero el proyecto de Pirinolli era más ambicioso, y contemplaba incluir en la estación la cara sur del pico del Lobo, perteneciente a la provincia de Guadalajara, y que tendría acceso por Buitrago, Montejo de la Sierra –donde está su magnífico hayedo- y El Cardoso de la Sierra, ya en la provincia de Guadalajara. De hecho, y según nos contó Pirinolli algunos años antes de su fallecimiento, llegó a presentar un borrador del proyecto y una maqueta ante el ayuntamiento de El Cardoso, pero el asunto no salió. En El Cardoso, una zona de alta montaña, de vocación ganadera y dedicada a la caza, no vieron claro en los años sesenta el proyecto de Pirinolli y su esquí, y al final este centró todos sus esfuerzos en conseguir los terrenos por los montes de La Pinilla, donde levantó su estación.

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No incluir la vertiente guadalajareña del pico del Lobo (2.273 metros, la cota más alta de Guadalajara y de la actual Castilla-La Mancha) suponía reducir la dimensión de la estación, y no contar con una zona, los valles del Silencio y el Berbellido, que gustaban mucho a Pirinoli, porque si bien es cierto que en la cara sur es más difícil conservar la nieve, los dos citados valles están más cerrados que las pistas de la cara norte,  y como pudimos comprobar tras las últimas nevadas, dispone de una nieve de gran calidad, y es una gozada deslizarse sobre ella, aunque avisamos que es una actividad solo para muy expertos, porque la nieve en la cara sur se va muy pronto.

Subimos por el camino que sale desde el bosque junto a las casas de las urbanización de La Pinilla en dirección al cerro del Aventadero a unos 2.010 metros.  La panorámica que se ve al llegar a la cuerda es impresionante, como podéis apreciar.

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 Siguiendo por lo más alto de la cuerda, y disfrutando de unos maravillosos paisajes -- abajo las pistas de la Pinilla, y al sur-este el Pico del Ocejón--, llegamos hasta cerca de la señal de dos kilómetros que nos indica la cima del pico del Lobo. Aunque nosotros no vamos a llegar hasta la misma cima, donde hay una viejas antenas oxidadas, sino que la bordeamos un poco hacia el sur.

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 Las vistas del valle del río Berbellido que se asoman a nuestros pies son fantásticas, propias de cualquier paisaje pirenáico. Toca ajustarse las tablas en modo esquí, porque nos vamos a disponer a hacer nuestra primera bajada. La nieve es pura mantequilla y vamos encadenando giros hasta que llegamos al fondo.

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 Y esto es lo que se ve desde abajo. Una magnífica panorámica de este soberbio paraje –desconocido para muchos, aunque no para los aficionados a la montaña- con el dibujo del pico del Lobo al fondo, en dirección norte.

Los esquiadores estamos encantados con la mañana. Hace calor, y si siguen estas temperaturas va a ser difícil que podamos volver otro día con tanta nieve pintando de blanco toda la vertiente.

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Hay que calzarse los esquís otra vez en el modo travesía, y darle a las piernas porque  toca hacer una nueva subida.A medida  que ascendemos,  vamos viendo las formaciones glaciares que se alzan frente a nosotros. Vean la nieve que hay acumulada.

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 Subimos hasta los 2.236 metros, según nos indica el GPS, hasta casi la cima del pico del Lobo. Y cuando llegamos allí, tras un breve descanso, iniciamos la segunda bajada de la mañana.  Esta vez lo hacemos por el valle del Silencio, que hace honor a su nombre. Sólo se escucha el ruido de los cantos de nuestros esquís, que van dejando la huella marcada en la nieve, mientras bajamos ladera abajo. Aunque hay algunos obstáculos en nuestros recorrido, hay nieve suficiente como para poder hacer desplazamientos largos con los que disfrutamos.

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Estamos en la vertiente sur-este del pico del lobo y esto es lo que vemos en esta mañana dominical. Impagable. 

Cuando se haya retirado el manto de nieve, y entre la primavera, estas laderas se teñirán de verde, con inmensas praderas de alta montaña, salpicadas de pequeñas flores multicolores. Se convertirán en un territorio en el que tras la invernada pastan las vacas de El Bocígano y El Cardoso, que beben en sus arroyos. Los que vayan por estos senderos en el verano, comprobarán que esta especie de “vacas escaladoras” llegan hasta la misma cima del pico del Lobo, porque hay abundante huella orgánica que así lo acredita. 

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El Cerrón, con con 2.199 metros, es la la tercera montaña más alta de Guadalajara, después del Lobo y el Alto de las Mesas (2.257 metros),  y por lo tanto más alta que el emblemático pico del Ocejón, con 2.049 metros. Esta es la espectacular vista del Cerrón desde lo más hondo del valle.

Volvemos hacia lo más alto de la cuerda ascendiendo con nuestros esquís desde el fondo del valle, hasta llegar hasta el Alto de las Mesas. Desde allí seguimos por la cuerda hasta que tomamos la bajada en dirección a las pistas de la estación de esquí. Otra opción es bajar por el empinado paso del Portillón, pero lo desechamos porque hay mucho hielo, y más que esquís habría que utilizar crampones. Así que mejor tomar el camino más seguro de las pistas de esquí.

La tarde empieza a caer y coincido con mis compañeros de travesía en que hemos vivido una jornada maravillosa esquiando por estos parajes de Guadalajara en el límite entre las dos Castillas.

La cara sur del pico del Lobo, solitaria y silente, nos ha permitido dar rienda suelta a nuestra afición por el esquí de travesía. Y recordando al legendario Pirinolli,  nosotros damos testimonio de ello.    

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